Tanto las autoridades sanitarias como los gobiernos están alarmados por los datos epidemiológicos recientes que sugieren que las enfermedades metabólicas, incluidas la obesidad, la diabetes mellitus tipo 2 y las dislipidemias, se incrementarán en todo el mundo en una proporción mucho mayor a la esperada hasta hace poco. Dichas enfermedades están consideradas como un problema de salud primordial, no sólo para las sociedades industrializadas, sino también, por ejemplo, para Sudamérica, India y China.
Es particularmente preocupante la creciente prevalencia de obesidad en los niños, junto con el inicio de la diabetes tipo 2 en adultos jóvenes. Esta realidad perturbadora conduce a pronosticar que los niños de hoy podrían tener una menor esperanza de vida que la generación de sus padres. En consecuencia, estamos haciendo grandes esfuerzos en el campo de las enfermedades metabólicas enfocándonos en particular en la diabetes tipo 2, la obesidad y las dislipidemias.
Los nuevos abordajes terapéuticos para el tratamiento de la diabetes tipo 2 tienen el potencial de retrasar, o incluso inhibir, la progresión de la enfermedad.
Varios proyectos de investigación, incluso, ofrecen la posibilidad de prevenir la manifestación de la enfermedad. Hemos sido exitosos en varios de nuestros proyectos de investigación y hemos logrado resultados prometedores en los estudios preclínicos, pero también en los clínicos.
En materia de obesidad existe una gran necesidad de nuevos fármacos que sean más eficaces que los existentes y que, al mismo tiempo, proporcionen un alto nivel de seguridad a los pacientes. La investigación en esa área está dirigida tanto a la reducción del apetito y de la ingesta de alimentos, como a aumentar el metabolismo de los portadores de energía. Hemos establecido tecnologías de punta para perfilar cuidadosamente los compuestos avanzados, tanto in vitro como in vivo.
A pesar del tratamiento eficaz para el descenso del colesterol de las lipoproteínas de baja densidad (LDL, por sus siglas en inglés), aún sigue siendo imposible evitar entre el 60 y el 70% de los eventos cardiovasculares. El papel de los niveles bajos del colesterol de las lipoproteínas de alta densidad (HDL, por sus siglas en inglés) y el mal funcionamiento del transporte inverso del colesterol son, por ende, áreas de creciente interés para la investigación. Hemos iniciado varios proyectos nuevos de investigación para satisfacer esa necesidad terapéutica.